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  • Comunidad Carismática Peruana

¡No seas negligente con tu herencia!

Hace poco mi hija cumplió 18 años y junto con ellos llegó su mayoría de edad, es decir, ante la ley ella ya tiene autoridad sobre su vida y todos sus asuntos. Muchos padres, aunque sus hijos son mayores de edad, siguen ejerciendo su autoridad paterna por encima de la voluntad de ellos. A mí y a mi esposo Dios nos empezó a instruir, desde hace un año, para hacerle saber a nuestra hija que desde que ella cumpliera 18 años, empezaría a ejercer autoridad sobre su vida, con todas las responsabilidades que eso implica. Ese tiempo nos sirvió para prepararla, reforzar la enseñanza y el entrenamiento que le habíamos dado a este respecto durante toda su vida.


Esto es muy parecido a lo que ocurre en nuestra vida espiritual; Dios, nuestro Padre, nos ha dado autoridad en el nombre de Jesús y nos ha dado todas las instrucciones para usarla por medio de su Palabra, pero a diferencia de los padres terrenales, nuestro Padre celestial, si está deseoso y expectante de que empecemos a usar la autoridad que nos dio.


En el principio, Dios le dio autoridad al ser humano para gobernar la tierra y todo lo que había en ella (Génesis 1:26-28), pero luego, en el Nuevo Testamento, confirmó y amplió esa autoridad en Cristo Jesús. Él no solo tenía autoridad sobre la tierra y todo lo que había en ella, sino que tenía y tiene autoridad sobre toda potestad espiritual (Mat 28:18).


Debemos recordar y tener siempre presente que esta es la medida de autoridad que nosotros tenemos, en lo natural y en lo espiritual, como herederos de Dios y coherederos con Cristo, (Rom 8:17). Dios no solo nos dio autoridad, sino que la expandió hasta lo sumo. Nuestro Padre nos ha dado autoridad máxima para que la usemos, no para que la tengamos guardada y empolvándose sin uso.


Por lo tanto, si no estamos ejerciendo esta autoridad o no sabemos cómo hacerlo, debemos prepararnos en comunión con Dios para usarla eficazmente durante nuestra vida en la tierra. Pasar tiempo con Papá es la forma en la cual Él puede enseñarnos y moldearnos. Obviamente, también contribuyen en gran manera las enseñanzas y recursos que nos brinda la Iglesia, pero la base fundamental es el tiempo en su presencia.


La única razón por la cual no la ejercemos, o no lo hacemos en forma eficiente, es por nosotros mismos, pues Dios definitivamente se goza cada vez que uno de sus hijos ejerce su autoridad con poder. Hermanos amados no desaprovechemos nuestra herencia celestial. ¿Acaso dejaríamos de aprovechar una herencia terrenal? ¿Si nos heredan propiedades, no nos beneficiaríamos de ellas tomando posesión y vendiéndolas, alquilándolas o usándolas? Creo que sería tonto y hasta negligente no hacerlo. De igual manera funciona con nuestra herencia divina, no seamos negligentes con ella.


Tomemos nuestra herencia y usémosla para nuestro beneficio, el de otros y el de la obra que el Señor nos ha asignado en su ministerio.



Pastora Paola Rengifo



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