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  • Comunidad Carismática Peruana

¿Necesitamos purificarnos?

Los ritos de purificación han sido una costumbre de diferentes culturas y religiones. No consiste en una limpieza externa del cuerpo sino interna o espiritual. Para algunas religiones, la purificación se obtiene a través de la meditación; en otras como el islam, mediante el rezo; o en el catolicismo, mediante los sacramentos.


¿De dónde viene la necesidad de celebrar ritos de purificación? El ser humano mismo es consciente de que no está en orden con Dios, tiene una noción interna de lo bueno y lo malo que le permite identificar que no puede siempre vivir en lo correcto, que tiene una tendencia a lo malo y a contaminar su ser, para lo cual necesita una purificación.


Romanos 2:15
Ellos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan.

La realidad es que el ser humano si está en caos, en pecado y en desorden. No es capaz de ser santo por sus propias acciones; por el contrario, solo muestra que, aunque lo intente y quiera no pueda. Necesita de purificación interior, pero no la puede lograr por sí mismo.


Romanos 7: 18-20
Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y, si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí.

Es por esto que cuando Dios forma a Israel como su pueblo y nación, les dio leyes y ritos de purificación temporales para presentarse ante Él. Dios es tres veces santo y no puede tener relación con el pecado. Así que todo el que se acerca a Él debe estar purificado.


Entonces, la purificación, en Israel era un acto que se hacía mediante los sacrificios de animales con el fin de purificar a las personas de sus propios pecados. Los sacerdotes ofrecían esos sacrificios para purificarse de manera que al servir al Señor ninguno esté en pecado. Este era un acto de fe, donde confesaban sus pecados poniendo las manos sobre un animal, y luego sacrificándolo en reemplazo de su persona. Así recibían, por la fe, su purificación.


1 Crónicas 15:12-14
y les dijo: «Como ustedes son los jefes de las familias patriarcales de los levitas, purifíquense y purifiquen a sus parientes para que puedan traer el arca del SEÑOR, Dios de Israel, al lugar que he dispuesto para ella. La primera vez ustedes no la transportaron, ni nosotros consultamos al SEÑOR nuestro Dios, como está establecido; por eso Él se enfureció contra nosotros.» Entonces los sacerdotes y los levitas se purificaron para transportar el arca del SEÑOR, Dios de Israel.

Este ritual era tan importante, que la primera vez que David quiso transportar el arca y no se hicieron los rituales, Dios se enojó y una persona murió al tocar el arca que simbolizaba la santa presencia de Dios. Por esto, a la siguiente vez, siguieron el orden establecido por Dios y se purificaron para poder presentarse ante el Señor.


Hoy nosotros, estamos en un nuevo y mejor pacto que el que tuvo Israel. Jesús es nuestro sumo sacerdote intercesor por nuestras vidas. Hemos sido hechos sacerdotes del Dios Altísimo, y hoy podemos servirle porque ya fuimos purificados por la sangre del Cordero derramada en la cruz. Ya no necesitamos hacer ritos de purificación, porque una vez y para siempre la sangre de Jesús nos purificó y hoy estamos limpios para acercarnos al Señor.


Hebreos 9:13-14
La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera. Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!

Gracias a Jesús NO NECESITAMOS de ritos de purificación. Nuestro interior ha sido purificado al recibirle en nuestro corazón. Su sangre hizo esta purificación una vez y su efecto es para siempre. Nada de lo que hagamos puede cambiar aquello que Cristo hizo en nuestro interior. Hoy estamos limpios de todo pecado y debemos vivir agradecidos por su amor tan grande y por su perdón eterno. Si algo que a Dios le agrada es que vivamos convencidos de lo que ha hecho por nosotros. Vive convencido de que eres puro, santo y limpio en Cristo.


Pastora Daniela Príncipe


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